Mientras la realización de los tratamientos dentales tiene un punto en el que llega a un nivel “lo suficientemente bueno”, no ocurre lo mismo con la experiencia de usuario.

Un paciente pondrá un tope de dinero a la hora de pagar por un tratamiento, y más aún si nuestra clínica ha entrado en el mercado de commodities al que nos quieren obligar a jugar las grandes empresas del sector (ver post de “¿Qué es un mercado de commodities y por qué debería importarnos?“), pero no ocurre lo mismo con la experiencia de usuario.

Por ejemplo, la realización correcta de un implante, de una ortodoncia o de un empaste tiene un techo (no se puede llegar más allá de una ortodoncia en clase I con buena estética o una obturación bien mimetizada y funcional, etc…), pero ¿hay alguien que diga “el trato que me están dando en esta clínica es demasiado bueno para mí y me sobra, mejor me voy a otra clínica”? Jamás, uno nunca tiene demasiada. Al contrario, siempre quiere más. ¿Os acordáis de la película Pretty Woman? 😉

Parece que todos los sectores empresariales se han dado cuenta de esto menos el nuestro. Restaurantes de 100€ el menú, hoteles de 5 estrellas, el sector de la moda, Starbucks, Apple…

La mayor parte de las personas están dispuestas a pagar más con tal de tener una experiencia superior. El problema es que aumentar la experiencia de usuario más allá de lo habitual no es algo de sentido común. Se necesitan conocimientos de necesidades del mercado, neuromarketing, programación neurolingüística, formación del equipo, interiorismo de la clínica, etc… Además, sabemos que, por desgracia, un paciente tendrá mejor opinión y estará dispuesto a pagar más en una clínica con tratamientos mediocres pero una gran experiencia de usuario que al contrario.

Nosotros nos encargamos de potenciar la experiencia de usuario de los pacientes para que esté al nivel o por encima de la calidad de vuestros tratamientos.